EL HIJO
Canciones gringas

CD-EP [nois060]

 

TEX LA HOMA
INTO TIMELESS SHADOWS

CD-EP [nois 059]

 

JUNE PANIC
BELLYBUTTONLESS BOY

CD-EP [nois 044]

 

GRUPO SALVAJE
AQUÍ HAY DRAGONES

CD-álbum [nois 1065]

 

FROG EYES
THE FUTURE IS INTER-DISCIPLINARY OR NOT AT ALL

CD-EP [nois 055]

 

XIU XIU
TU MI PIACI

CD-EP [nois058]

 

MANYFINGERS
OUR WORN SHADOW

CD-álbum + DVD [nois1064]

 

MAQUILADORA
THE GULF

CD-EP [nois 057]

 

YELLOW SWANS
DRIFT

mini-CD (38 minutos) [nois 054]

 

TARA JANE O' NEIL
A RAVELING

CD-EP [nois 056]

 

THIS SONG IS A MESS AND...
MARBLE MOUTH

CD-EP [nois 051]

 

12TWELVE
L'Univers

CD-álbum [nois 1060]

 

MANTA RAY
Torres de Electricidad

CD-álbum [nois 1057]

 

El Hijo
La piel del oso

CD-EP [nois053]

 

Tartufi
Trouble

CD-EP [nois052]

 

THE SECRET SOCIETY
Sad boys dance when no-one's watching

CD-álbum [nois 1059]

 

Chris Brokaw
Incredible Love

CD-álbum [nois1061]

 

LD & THE NEW CRITICISM
Tragic Realism

CD-álbum [nois1062]

 

The Strugglers
You win

CD-álbum [nois1056]

 

VV.AA.
Songs To Break God's heart

CD-álbum [nois1054]

 

Darren Hayman
Cortinaland

CD-EP [nois050]

 

WINDSOR FOR THE DERBY
Confianza / Visiones

CD-EP [nois048]

 

XIU XIU
La foret

Cd-álbum [nois 1058]

 

REFREE
La matrona

Cd-álbum [nois 1047]

 

The Zephyrs
Bright Yellow Flowers on a Dark Double Bed

Cd-álbum [nois 1050]

 

P:ANO
Brigadoon

Cd-álbum + 2 temas extra [nois 1055]

 

BURD EARLY
Falling Feather

CD-EP [nois 046]

 

APSE
apse

CD-EP [nois 047]

 

Viva las Vegas
2

Cd-álbum [nois 1048]

 

Aroah
En el patio interior

mini CD [nois049]

 

Damon & Naomi
The earth is blue

Cd-album + cd-sigle (ed. limitada) [nois1052]

 

MUS
Divina Lluz, una película de Ramón Lluis Bande

DVD [noisdvd03]

 

Matt Elliott
Drinking Songs

Cd-álbum [nois 1049]

 

JR
La JR

Cd-álbum [nois1053]

 

The Strugglers
The Fair Store

CD-EP [nois042]

 

Xiu Xiu
Fleshettes

Cd-ep [nois045]

 

Destroyer
Your Blues + 3

Cd-álbum [nois1044]

 

Tara Jane O´Neil
You Sound, Reflect

Cd [nois1051]

 

Thalia Zedek
Trust Not Those In Whom...

Cd [nois1045]

 

Julie Doiron
Goodnight Nobody

Cd [nois1046]

 

VV.AA.
Acuarela Songs 3

2xCD [nois 1043]

CD1
Piano Magic / Berg Sans Nipple / Tex la homa / Girls in Hawaii / Julie Doiron / June Panic / Chris Brokaw / Lowlights / Jr. / Rivulets / Anari / The Somnambulants / Tara Jane O´Neil & Kristina / Árbol / Early Day Miners

CD2
Destroyer / The Decemberists / The Impossible Shapes / Bud Early / Tarentel / Miztura / Mines / Old Jerusalem / Loud / Maquiladora / The King Cobran / Lorna / Ant / Colch-on

 

Rivulets
you've got your own

Cd-ep [nois040]

“You've got your own”, es un sensacional EP que nos trae al probablemente más centrado Amundson hasta la fecha: cinco canciones básicas y emocionantes, que parten de una guitarra con regusto a madera vieja y una garganta que se divide entre el susurro y vibrato agónico. Sólo leves refuerzos en el estribillo, algún acorde en suspenso o la parca tormenta sónica de “Let It Go”, acompañan al quejido a flor de piel. Cinco canciones básicas y emocionantes, decíamos, que pueden colocarse al lado de Neil Halstead, Nick Drake, los Spiritualized más acústicos, Richard Youngs o los propios Low, y que se adhieren con una rotundidad pasmosa como si se tratase de una especie de shoegazing folk… Nobleza obliga...

 

For Stars
...It Falls Apart

Cd [nois1042]

Los tres primeros trabajos de For Stars cosecharon críticas halagüeñas en medio mundo. Por consiguiente, se esperaba que el nuevo álbum del grupo marcara una vital inauguración de sello, quizás una multinacional de las varias con las que hubo contactos. Pero lo que estaba destinado a ser supuestamente un gran disco de pop con mayúsculas (tamizado, eso sí, de guitarras cristalinas a lo Costa Oeste) no tardó en revelarse como un trabajo decididamente oscuro. Nada de “God Only Knows” y mucho “Sister Lovers”. Los miembros de For Stars participaron en la medida de lo posible, poniendo su granito de arena, pero el disco se estaba creando a sí mismo, como suele pasar con esas obras que no tienen principio ni final, sino un epicentro sónico que amenaza con devorarlo todo. Así que la banda simplemente soltó las riendas y se dejó llevar.

El resultado de este relajamiento es un viaje confuso y psicodélico por unos tiempos en los que For Stars parecen perdidos. El disco es un fogonazo de belleza musical que se derrumba en el caos. (¿Dijimos derrumba? Mejor sería decir que se funde con el caos.) “…It Falls Apart” comienza de forma sencilla, pero a medida que avanza aumentan los tambaleos y las oscilaciones, haciéndose más raro y confuso por momentos. El equivalente emocional en el cine podría ser una película de Mike Leigh. (Me viene a la mente “Todo o nada”, pero vayamos al grano.)

Este trabajo trata sobre cómo For Stars no saben dónde están o hacia dónde se dirigen. No era lo que tenían pensado hacer, pero era lo que había y decidieron conformarse. Al final, ha resultado ser un regalo: estamos ante un álbum tierno y hechizante, cercano a la épica bien entendida de los mejores Radiohead, al espíritu orgánico de Sea and Cake, a la lírica de Yo La Tengo, pero que desde el principio es mucho más que la suma de sus partes, que la síntesis de sus influencias tanto musicales como emocionales. Y nos atreveríamos a decir que esto es todo lo que se puede pedir de un disco.

 

Berg Sans Nipple
BSN play the immutable Truth

Cd-ep [nois041]

“BSN Play the Inmutable Truth” es la mayor prueba de la esencia iconoclasta de un proyecto ya de por sí bastante inclasificable. “An Eternity in Purgatory” empieza con susurros pop y se diluye entre baterías sincopadas y ecos de vibráfono, mientras que “Hark, The Poonie Angel Sings!” mezcla trompetas a la deriva con ritmos sintéticos; “Swordfighting” intimida con baterías superpuestas y melodías desencajadas, pero “Memory Hole”, a pesar de que amenace con continuar por oscuras sendas, abraza la melodía con trompetas melancólicas y redobles pausados. Como siempre, un todo original, expresivo y ecléctico... Marca de la casa.
 

Migala
La increíble aventura

CD + DVD [nois1041]

Todos los discos de Migala desde “Diciembre 3 a.m.” nos han hablado del invierno, del verano, de las llamas, los rescoldos y lo que queda cuando ya no queda nada, en un proceso cronológico y musical que parecía pensado para formar parte de un concepto. De forma involuntaria iban construyendo el esqueleto de una historia que tenía que ver con la misma esencia del rock: tradición, clasicismo, descubrimiento, el impulso creativo, el paso del tiempo, el miedo a la muerte, el arte como vía de escape, el hedonismo, experimentos y experimentación…Y luego la resaca, la ruptura anticipada y más tarde postergada, la reconstrucción, los restos de un incendio. Pero ahora, en su nuevo álbum (en realidad, CD + DVD), titulado significativamente “La increíble aventura”, ya no hay fuego ni hielo, humo ni estaciones, cielo o infierno. 

¿Pero qué hay en “La increíble aventura”? Metales pesados. El ruido de los coches y de la vida en movimiento. Llanuras y valles. Selvas y grandes extensiones. Violencia contenida y a punto de estallar. Garajes bajo las arcadas del ferrocarril, polígonos industriales en los que se fabrican camas donde retozarán los amantes, unas columnas de humo y una alta chimenea de blancas y parpadeantes luces, torres de refrigeración... rock instrumental, canciones de frontera, paisajes vistos tras el volante, cuerdas, torbellinos sónicos, Sergio Leone, ruido blanco, melodías, Nino Rota, texturas, collage y (ocasionalmente) letras que ya no se miran en el retrovisor de la memoria, sino en la hiperrealidad del aquí, el nosotros y el ahora. El rigor estético, emocional, creativo y sentimental es total.

Migala nos entregan un disco lleno de vida: desde el math-rock de “El tigre que hay en ti” hasta los aires de frontera de “Sonnenwende”, desde el clasicismo pop-folk de “Your Star, Strangled” a la épica bien entendida de “Lecciones de vuelo con Mathias Rust”, pasando por piezas tan líricas como “El gran miércoles”, una de las dos únicas canciones del disco en las que aparece la voz de Abel Hernández. En definitiva una colección en la que todo parece fluir de un modo natural, vivo, exuberante, y donde la música se reabsorbe a sí misma continuamente. “La increíble aventura” es un disco crudo y sincero en el que se apela más al corazón que a la cabeza, un concepto libre de coartadas y andamiajes intelectuales y gestado para el directo. Y supone el renacimiento de Migala. De unos Migala que han recibido una transfusión de su propia sangre. Unos Migala que se han divertido componiendo y grabando. Unos Migala que enseñan los dientes.

 

Xiu Xiu
Fabulous Muscles

Cd [nois1038]

Xiu Xiu son una de las sensaciones de la rama más heterodoxa del nuevo indie norteamericano. Pero una sensación que va más allá del hype, puesto que aquí no hay escenas, modas, neo-algo, post-algo, rock requete-renovado o ropa de marca, sino talento sónico y lírico en un estado cercano a la pureza. Nacidos como proyecto en 2000 y liderado por el temperamental cantautor Jamie Stewart, el grupo cuenta con una gama de músicos e invitados que van rotando, provenientes, por poner un ejemplo, de combos tan ignotos como Mr Bungle, Duster, The Dead Science y Hella. Ya desde sus inicios han hecho música que o bien se ama con locura (envíos diarios de ropa interior rosa tricotada cubierta de sangre) o bien se odia con saña (puñetazo en el pecho tras una actuación en Houston). Siendo un poco atrevidos podríamos describir sus discos como lo que resultaría de la unión del escritor Dennis Cooper con The Fall, o unos Bright Eyes con verdadera mala uva y peor leche. 

Toman su nombre de la película Xiu Xiu (The sent down girl, USA, 1998) dirigida por Joan Chen, un estremecedor drama situado en plena Revolución Cultural China, y su música es dolorosamente autobiográfica, melancólica e histriónica. Tiene, desde luego, reminiscencias del pop británico y el post-punk, el techno y la cálida improvisación del lo-fi. La últimas referencias que les atribuye la prensa especializada van desde Suicide y Joy División, hasta The Smiths o Arvo Part, pasando por Scott Walker y Black Sabbath, pero a diferencia de la mayoría de las bandas contemporáneas, que filtran su tradición por una malla que expone abiertamente sus fuentes, las influencias de Xiu Xiu no están tan al descubierto. Teniendo en cuenta la dificultad que implica en el día de hoy dar con un grupo realmente original, Xiu Xiu se acerca bastante a este calificativo. Y en sus canciones se dan la mano elementos contradictorios –sonidos abrasivos frente a melodías hipnóticas, emoción que se expone vulnerable y a la vez escandaliza con descaro, humor y desesperación, belleza y fealdad- que pueden o bien desorientar hasta el punto de repugnarnos, o bien cautivarnos de forma irresistible.

“Fabulous Muscles” es ahora su tercer álbum, licenciado para España, Francia y Portugal por Acuarela. Con diferencia  se trata también del más electrónico y pop de toda su discografía. Xiu Xiu hacen uso de su sabio ingenio para atacar con saña los tópicos del rock con inversiones y referencias desconcertantes, reflejadas en todo tipo de cortes extraños, yuxtaposiciones y arreglos inesperados. La canción que da título al álbum expone la intensísima voz del líder de la banda y se trata de una de las piezas más emocionales de toda su discografía. La pegadiza (por decir algo) “I Luv the Valley” se basa en una melodía de guitarra que se te mete de inmediato en la cabeza, como los Sebadoh de “Soul and Fire”, como las mejores canciones de Talk Talk, como el Bowie berlinés, como unos Swans-no-siniestros. Pero son solo dos ejemplos puntuales. En “Fabulous Muscles”, sin duda uno de los trabajos más cortantes y rompedores del 2004, hay composiciones sobrias y tranquilas, fragmentos de corte ruidoso-experimental, estribillos dramáticos, fraseos, gritos, susurros, besos y escupitajos, ambientes terminales, hipnóticos, claustrofóbicos. Y un puñado de versos verdaderos  sobre la falta de amor y de deseo y lo que pasa cuando albergamos demasiado amor y demasiado deseo.

 

The Clientele
Ariadne

Cd-ep [nois039]

 

Aroah
The Last Laugh

Cd [nois1039]

 

Aprovechando la coyuntura cultural, podríamos decir que “The Last Laugh” es el back to basics de Aroah. Un dato significativo si tenemos en cuenta que tras su “No podemos ser amigos” se trata sólo del segundo larga duración de la joven Irene Tremblay. Aunque también su cuarta referencia discográfica si sumamos el EP “Cuando termines con todo...”, y “Seis canciones desde el Norte” compartido con Nacho Vegas. Pero esta madrileña de padre español y madre americana siempre ha ido un paso por delante: sus primeras seis canciones fueron elegidas como el mejor EP nacional de 2001 según Rockdelux. Giras con Manta Ray por media Europa, conciertos junto a Retsin, Tristeza o Labradford, actuaciones en Francia... Precisamente mucho de lo que vemos en su último trabajo podrá tener su referencia en la última tournée de Irene, acompañada tanto por nuestro país como en USA por el melancólico Greg Weeks. Fueron los pasos previos a la grabación durante julio y agosto de 2003 en Filadelfia de este “The Last Laugh”, junto a un Weeks encargado de la producción y una serie de músicos norteamericanos como banda de acompañamiento. 

Será por esto, sumado al interés de Irene en ir a la esencia de su songwriting, que las nuevas composiciones resaltan por su inmediatez y clasicismo. Si al principio se la asoció a francotiradores emocionales como Mark Kozelek, Julie Doiron o Catpower, ahora hay que hablar de referencias –más que influencias– bastante más heterogéneas: de Joni Mitchell, Townes Van Zandt, May Timony y Tara Jane O'Neal, sí; pero también de los estándares y el jazz vocal, de guitarristas como Leo Kottke, y hasta de maestras del blues como Memphis Minnie. Irene dulcifica su vibrato y modula a la perfección, mientras los arreglos (bajos y contrabajos, chelos y nerviosas escobillas, flautas y pedal steel) esperan a que calle para realizar su puntual cometido. Sabiamente dejan el espacio necesario a una voz y unas letras que dan vueltas al orgullo y la mentira, los amores perdidos y la sincera brutalidad del deseo, la soledad y la esperanza.

Tanto en la gravedad de “Vigo” como en el esqueleto folk de “Autobiographical Rhyming Song”, bajo la intensidad de “Horoscope” y la delicadeza de “The Lonely Drunk”, el minutaje es el preciso y, los adornos, los justos. “Madrid”, “Y la cinta de Los Bingueros” y “Fuck Rock” ganan al arroparse en la dulzura de las flautas, subrayando la calidez de un country folk genuino y básico. Sólo en puntuales arrebatos de intensidad se rompe el liderazgo de la guitarra acústica y la densidad musical se impone. Parece obvio decir que “The Last Laugh” es el mejor disco de Aroah. Parece obvio afirmar que lo será hasta su siguiente colección de canciones.

 

The Decemberists
The Tain

Cd-ep [nois038]

Uno podría calificar “The Tain” como una obra imprevisible. Es más, imprevisible desde varios puntos de vista: si no nos parece suficientemente original un EP con una única canción (aunque se extienda hasta los 18 minutos de duración), y que ésta se subdivida en cinco movimientos, quizás sí lo sea saber que está basado en la célebre saga de la mitología celta “Tain Bo Cualnge”. Su universo narrativo de brujas, bestias, maldiciones y reyes medievales ha sido, desde luego, re-escrito por The Decemberists, quienes le han otorgado una lectura más abstracta y terrenal, menos épica. Pero en realidad, un disco que responde a estas premisas tan conceptuales, tan a medio camino entre el pop y la literatura no es demasiado ajeno a la particular idiosincrasia de The Decemberists, más un colectivo creativo que un grupo musical en el sentido más estricto del término.

A partir de un proyecto originado en la mente de Colin Meloy, nacido en Missoula pero mudado a Pórtland, The Decemberists se transmuta en grupo de rock al conjugar los talentos de Ezra Holbrook (batería), Nate Query (contrabajo), Jenny Conlee (acordeón) y Chris Funk (theremin y pedal steel guitar). Guiados por el instinto melódico y el pulso narrativo de Meloy (que para eso ostenta título en escritura creativa), el primer paso conocido de la banda será un EP de cinco canciones, “Five Songs”, auto-editado en 2001 y recuperado un año más tarde, junto al álbum de debut “Castaways And Cutouts”, por el modesto sello Hush. Ya en 2003 Kill Rock Stars se interesa por la curiosa formación, dando distribución internacional al primer largo y editando el segundo paso, “Her Majesty The Decemberists”. Les llueven parabienes, y los acostumbrados a la comparación fácil recurren al buen hacer pop de la banda, dejando caer a Belle & Sebastian (por la sensibilidad armónica) o Neutral Milk Hotel (por la sana esquizofrenia) como posibles semejanzas. Pero también están cerca de la facilidad art-rock de Built To Spill o de la un tanto irónica renovación tradicional de Clem Snide. Y siempre, con un ritmo propio.

Como en “The Tain”, una canción que son cinco. Un huracán que comienza con lamento de porche y acústica, que se afianza sobre un musculoso riff de rock’n’roll y reposa sobre un manto de coros celestiales y cuerdas en melodrama, que se aprovecha de un piano y una subyugante voz femenina para recrear el mejor cabaret portuario, justo antes de morderse la cola y perderse entre marciales golpes de batería y una vuelta a la hipervitaminada guitarra desde la que se gestó.

¿Imprevisible? Sí, gracias.

 

Grupo Salvaje
In Black We Trust

Cd-álbum [nois1037]

El color negro suele ser emblema de silencio, de intimidad. Otorga nobleza y elegancia, sobre todo cuando es brillante, y, en ocasiones, puede convertirse en analogía de deshonor y maldad. El gran Johnny Cash lo hizo propio como oposición a los trajes de lentejuelas utilizados por otros músicos de country y optó por mantenerlo a modo de seña de identidad hasta su reciente muerte como respuesta a las injusticias que asolan el mundo. Una simbología, personal y estética, transmutada en actitud que los madrileños Grupo Salvaje han barajado en forma de homenaje en el momento de bautizar su álbum de debut, ensanchando un inventario de vínculos y guiños que arranca con la perturbadora película de Sam Peckimpah en el propio nombre del grupo y que desfila por la irónicamente alterada leyenda del reverso de los billetes de dólar en el título de su opera prima. Y es que In Black We Trust iba a llamarse Cash como correspondencia a un deseo por impregnarse en el espíritu y la consistencia de las canciones del Hombre de Negro. De paso, se cerraba el juego de palabras con una mirada a la moneda en efectivo en la que figuraba el emblema inspirador. Circunstancias e intenciones al margen, las nueve canciones de presentación de Grupo Salvaje transmiten desde un primer contacto las nociones e ideales de una bien trazada prospección en la recapacitación y en la riqueza creativa. Un palpitante viaje que encabeza el fogueado Ernesto González, sin duda la referencia más acreditada de una banda que se constituye en la reaparición / transformación que muchos esperábamos después de una década de compromiso con la crónica de Pribata Idaho. A su lado, Carlos Perino, Javier Rincón, Óscar Feito y Pepe Hernández conforman la nómina de implicados. La voz de Ernesto, más reflexiva y profunda que nunca, decididamente distinta, singulariza y condiciona en buena parte los desarrollos de In Black We Trust. Su forma matizada y sutilmente dispar de abordar cada tema –de la elegancia del espléndido “Oh! My Dear” a la vivacidad de “Sorrynonews” pasando por el solemne impacto de “Watercolor Summer”– rige los comportamientos de una colección de canciones con entidad individual aunque bañadas en una inquebrantable vocación colectiva. Una obra de despegue vertical donde se concilia con lucidez y corazón, con lirismo y turbación, un seductor cúmulo de sensaciones señaladas en textos que tratan de dolor y de amor, de rosas y de desesperación, de lo divino y lo humano, de Elvis y de Dios. La implicación de Abel Hernández (Migala, Emak Bakia) contribuye a perfilar un grado más las muescas de una lograda compactación dotada de estructura argumental, tanto a través de una envolvente y fluida producción como mediante una presencia en arreglos, melodías y atmósferas en cuyas vísceras resulta ineludible toparse con huellas de Scott Walker, Leonard Cohen, Lambchop y, por supuesto, Migala. Una pletórica aunque nunca gratuita instrumentación, protagonista absoluta de la breve y mimada “Desheredada”, construye el vehículo que conjuga la épica bien entendida –ese crescendo de cuerdas para cerrar con “The Survivor”–, el marchamo melancólico y un toque cinematográfico que aflora desde una medida complicidad. Como resultado, elegancia, intimidad, nobleza y silencio terminan imponiendo sus criterios, ocultos tras el metafórico reflejo del color negro. Cualidades e imágenes transmitidas a través de un brillante catálogo de composiciones, dotado de entramado y sustancia, que evidencia la voluntad de estos cinco músicos por abrazar principios y maniobras de un auténtico Grupo Salvaje. Eso sí, esgrimiendo la capacidad y el sentimiento como primordiales armas de asalto ante la futilidad y el adocenamiento. Con esa categórica mezcla de conciencia e intuición. Justo de esta manera.
 

Early Day Miners
The Sonograph EP

CD-EP [nois037]

 

The Album Leaf
Seal Beach

cd-ep [nois036]

Acuarela tiene el honor de contar en su catálogo otoño-invierno con un EP exclusivo de 5 temas de The Album Leaf. Pero ni este "Seal Beach" es el primer disco de The Album Leaf, ni The Album Leaf es el primer proyecto discográfico de Jimmy LaValle, no. Veremos su nombre inscrito en los álbumes de Tristeza, un tremendo grupo oriundo de San Diego, que se dedicó en cuerpo y alma a desgranar el más melancólico y paisajístico post-rock instrumental. Con discos tan hermosos como "Spine and Sensory" (Makoto, 1999) o el aclamado "Dream Signals in Full Circles" (Tiger Style, 2000), definieron una parcela sensible para el rock de vanguardia. Para escapar de la democracia (al menos, parcial) necesaria en un grupo, LaValle se inventó The Album Leaf, un proyecto que, aunque en directo se vea reforzado por otro guitarrista, bajo y batería, tiene más de one-man-band que de cualquier otra cosa. En este "Seal Beach", grabado exclusivamente para Acuarela, el Fender Rhodes se hace dueño del timón y comanda entrelazadas guías melódicas, sostenidas bajo un colchón crepitante de electrónica que, a pesar de lo extremadamente cuidada, siempre responde a la necesidad y no al porque sí de la tecnología. Teclados vibrantes, un despertador de beats, tristes crescendos, slowcore, atmósferas pausadas y melancólicas postales a cámara lenta, mudas pero llenas de interrogantes que podrían situarse al lado de Mum o incluso Four Tet. Música hecha con calma, para ser disfrutada en buena compañía, con tranquilidad, viendo caer este otoño que se avecina...
 

Refree
Nones

Cd [nois1036]

Refree es el alter ego de Raül Fernandez (ex-Corn Flakes, ex-Sitcom, líder de Élena y periodista musical), uno de los personajes más inquietos de nuestra escena independiente, que lejos de concebir esta aventura como una historia puntual, esporádica o paralela a sus muchos otros proyectos, nos entrega una obra “de autor” que supone uno de los mejores discos del pop nacional de los últimos años. Biografía: Pero antes de este su segundo trabajo para Acuarela, Refree ya tiene una breve trayectoria. En el 2002 publicó su álbum de debut, un “Quitamiedos” en el que colaboraban, entre otros, Françoiz Breut, Abel Hernández (Migala) o José Luis Aguado (Manta Ray), así como algunos de los principales músicos de la escena jazz de Barcelona. “Quitamiedos” –un elepé demasiado ambicioso o demasiado disperso según los gustos– nació y creció fuera de tiempo y de contexto, obteniendo mejores críticas fuera de nuestro país que dentro. En Francia fue elegido por la exigente revista Magic! dentro de los 20 mejores discos internacionales del año pasado, y Les Inrockuptibles destacó su espíritu lírico y preciosista. En Norteamérica, semanarios como Exclaim o fanzines de la talla de Splendid o Epitonic hablaban de su “variedad de registros”, sus influencias bien digeridas –“de Dirty Three a Friends of Dean Martinez, pasando por Ennio Morricone”, decían-, y el “soplo de aire fresco” que suponía para todos aquellos que andan ya “un poco saturados por las fronteras que el pop y el rock se imponen a sí mismos”. El epílogo de “Quitamiedos” mostró a Refree telonando a The Zephyrs, Neil Halstead o Migala, y actuando en lugares como Portugal y Rusia, con dos conciertos en Moscú ante un público atónito que creía haber ido a ver a los “Radiohead catalanes”, como bien quedó documentado en un artículo publicado en la revista Rockdelux y en un reportaje de la televisión TV3, que desplazó sus cámaras hasta la capital rusa. Pero nada de esto nos había preparado, ni de lejos, para un disco como “Nones”, la nueva entrega de Refree. “Nones”: “Nones” no es un disco de “escena”, o el lógico resultado de talento, trabajo e inspiración puestos al servicio de la tradición y la modernidad dentro de nuestro mundillo independiente, ese en el que hay que ofrecer continuamente un nuevo enfoque a los medios para que se fijen en ti, o donde todos tenemos complejo de cajera de supermercado de tanto poner etiquetas. Tampoco una obra “alternativa” ni “adolescente”. En realidad se trata de una catarsis aparentemente equilibrada, el reflejo de una desgarradora crisis de madurez que deja en nosotros el primer poso de amargura. Trompetas, violines, contrabajo, un omnipresente piano, algunos arrebatos eléctricos y unos arreglos ora sobrios ora experimentales que nunca nos distraen de la intención final de Raül Fernandez, que parece haberse dejado crecer la barba y la poesía. Las influencias, o confluencias, dentro del margen que va desde Jaume Sisa a Dominique A, pasando por Vainica Doble, el Serrat que tanto encandila a La Buena Vida o un Claudio Baglioni extravagante y setentero, aparecen de forma subliminal. Resulta difícil no pensar en Luigi Tenco, Etienne Daho, Leo Ferré o el alejandrino Georges Moustaki, pero igualmente fácil es darse cuenta de que ninguna de estas referencias se tuvieron en cuenta a la hora de elaborar las 12 canciones de “Nones” (que, por cierto, se trata de una expresión catalana del lenguaje infantil que significa “sueño” o “dormir”... además de su evidente matiz de negación). Es inútil hablar de préstamos, de cantautores, chanson o folk arrabalero cuando es tan evidente que el eje del disco ha sido exprimir al máximo un momento de lucidez creativa. Aquí merece especial atención la rica instrumentación –desde lo oscuro a lo luminoso– del disco y el efecto que ha tenido el hecho de contar con una banda fija y no con una simple amalgama de colaboradores. Sin querer dar rienda suelta al eclecticismo y sin perder de vista que no se trata de simples cameos, en varias canciones del elepé escuchamos la preciosa y melancólica voz de Irene “Aroah” Tremblay, así como la guitarra de Olivier Mellano, habitual de Dominique A. Además, la portada es obra de Françoiz Breut, siempre compaginando brutalidad e inocencia. “Nones” es fruto de un cruce entre la tradición mediterránea y el jazz, sus cadencias y armonías. Mientras la mayoría de los grupos de aquí beben de fuentes anglosajonas, Refree lo hace de la europea: Francia, Italia y Cataluña parecen las localizaciones perfectas para las canciones de Raül Fernandez y sus inquietantes textos: la crisis del folio en blanco, una rata degollada en el sótano, un padre que espera insomne a que su hija vuelva de fiesta, el final de la juventud, madres solteras y desastres domésticos de diversa índole emocional y sentimental... Temas que Refree remata sin cursilería ni sarcasmo, sin intención paródica, como una especie de Family no-electrónicos y desengañados de la vida, del dolor y del futuro, o como si Nacho Vegas nunca hubiese leído a Dennis Cooper o Raymond Carver ni escuchado a los Bad Seeds. En “El hueco” –que trata sobre encontrar un espacio en el que sentirse bien en soledad, un hueco en el que pensar y entender el pasado– le dedica un pequeño homenaje a la escritora Belén Gopegui y su novela “La escala de los mapas”. Desde luego, Raül Fernandez –que canta tanto en castellano como en catalán– se toma muy en serio lo que dice y como lo dice. Escuchar “Nones” es una experiencia que reúne las sensaciones de ver una película de esas que retumban en la cabeza y el corazón cuando sales del cine, leer un libro que deja huella y, por supuesto, vivir una serie de canciones (con sus agudas letras y sus músicas cuidadas, en la riqueza y en la pobreza) que son tan verdaderas como fieles a la realidad. Si bien es cierto que un poeta es lo menos poético que existe, por discos como este algunos han comenzado a escribir sobre música. Y por discos como este mucha gente ha dejado de escribir sobre música.
 

VV.AA.
Acuarela. Películas musicales

DVD [noisdvd01]

Contenido: Estratexa (fragmentu), Take a Look y Qué niño soy (MANTA RAY), Myriam, la primera, Recuerdos y Come Home (AROAH), Al debalu (MUS), Autómata (VIVA LAS VEGAS), Caer, rodar (DIARIU), Voz de radio virtual en la casa de las afueras (EMAK BAKIA), NH3 light, Merche* y Los Carteles (Sr. Chinarro), The guilt (MIGALA) y la película documental "Estratexa". Duración: 79 min.
 

The Zephyrs
A Year to the Day

Cd [nois1035]

El disco casi se llamó “Thirteen Months And A Day” (“Trece meses y un día”), como referencia al tiempo que tardaron en producirlo. Pero como el ganador del Operación Triunfo británico, David Sneddon, puso un nombre parecido a su debut, se vieron obligados a cambiarlo. Teniendo en cuenta que este hecho se dio en un contexto de cuasi ruptura del grupo a mitad de la grabación, no supuso un gran trauma. Pero los Nicol estaban empeñados en seguir adelante. A principios de 2002 comenzaron a trabajar en su tercera obra. Por aquel entonces, el grupo se había hinchado hasta convertirse en un dificultoso octeto, además de violín y violonchelo... y renqueaba. Rupturas, reconciliaciones y desintegración. A Acuarela le había encantado “When The Sky...” y en junio lanzó un EP, “The Love That Will Guide You Back Home” (“El amor que te guiará de vuelta a casa”), además de organizar, unos meses más tarde, una gira ibérica de dos semanas para unos The Zephyrs a los que se unió David Jeans, antiguo batería del combo de homenaje a Stone Roses llamado, ejem... The Complete Stone Roses. La nueva alineación se completó finalmente con la presencia del guitarrista Robert Dillam, que solía tocar en Adorable... pero ya se ha recuperado. Fue así como The Zephyrs se conjuraron para sacar adelante su nuevo álbum. Grabaron algunos temas en Ca Va, Glasgow. El manager de Setanta, Keith Cullen, se ofreció como consultor ad hoc; impresionado por la solidez que había aportado la nueva alineación, y por el potencial implícito en los ensayos, los contrató.

Michael Brennan ha producido a The Zephyrs desde el primer día. Él y su padre, Mick, son propietarios del estudio Fife’s Substation. Mick es un técnico veterano; ha trabajado con grupos como Nazareth, los heavy escoceses de los 70. Actualmente colabora con Mogwai, mientras que Michael es técnico de sonido de los Super Furry Animals. A partir del pasado verano The Zephyrs ocuparon el tiempo grabando varias versiones de “Go Slow”, un tema sobresaliente. Podría ser un single, aunque quizás no tenga suficiente texto. Pero, como señala el razonable Stuart Nicol, está pensado sólo para esa cantidad de palabras. De todas formas con más letras habría mucho menos sitio para los cuatro instrumentos de percusión que contiene (incluidos un pequeño tambor militar y el bombo Ludwig gigante de los años escolares de Nazareth), el hipnótico estribillo de guitarra y –la guinda del pastel– el efecto mágico y susurrante del Fender Rhodes. “Roberta Flack” es otra de las buenas. Se llama así porque a Stuart le recordaba a la canción de Roberta Flack en “Play Misty For Me”. Acto seguido, con la banda al completo, hacen su entrada cuerdas y platillos. “Empty Eyes” es una muestra de que sigue habiendo vida en el planeta post-rock, y “A While”, puñetera poesía, pura y dura. En su disco anterior, The Zephyrs contaron con Sean O’Hagan para los arreglos de cuerdas; en esta ocasión lo hicieron ellos mismos, con un par de músicos locales que engatusan a sus instrumentos (violonchelo y violín) para alcanzar el efecto conseguido. “Watercolour” se escribió en principio para la recopilación “Acuarela Songs 1”, pero a la banda le gustó tanto que se la quedaron. Anclada por una batería atmosférica revela el dominio natural que tiene este grupo del lado más severo y oscuro de la música country.

A Year To The Day” (“Un año hasta hoy”), editado por Setanta (el sello de The Divine Comedy, Evan Dando o Edwyn Collins), y licenciado por Acuarela para España y Portugal, se compone, en definitiva, de un total de diez canciones, en las cuales puede comprobarse por qué The Zephyrs han sido definidos como la combinación perfecta entre Simon & Garfunkel y Mogwai. Comienza con la apertura psicodélica de “Lacuna Head” interpretado por un generador de tonos utilizado por última vez en el puerto de Rosyth para testar la rapidez de las juntas y los remaches. Luego se nos revela la fantasmagórica voz de Adele Bethel (antigua asociada de Arab Strap) en “Stand Around Hold Hands”, y también a dúo con la voz espectral de Stuart Nicol en la evocación a-la Gram Parsons & Emmylou Harris del tema “One Year Many Mistakes”. Desde luego este magnífico disco se acaba demasiado pronto.

 

Jacques
Roses for Ashes

CD [nois035]

A estas alturas seguir con exactitud la carrera de Anthony Reynolds, solo o con cualquiera de sus proyectos, parece absurdo y empíricamente imposible. Así que resumamos y dejemos el esqueleto: al frente de Jack, Reynolds se hizo famoso y editó discos tan respetados como su inicial "Pioneer Soundtracks", "The Jazz Age" o "The End of the Way It's Always Been", y epés como el divertidísimo "La Belle et la Discotheque" (Acuarela, 2001). Con Jacques, el alter ego que construyó junto al también Jack Matthew Scott, ha navegado por sellos como I Records o Setanta, con bastantes 7" y EPs a sus espaldas, y álbumes como "To Stars". El EP "Romantic" (Acuarela, 2002) fue su último paso, nueva muestra de sus intenciones clásicas y atemporales. Y con el afán que parecen demostrar los británicos por el formato medio, "Roses for Ashes" es el nuevo escalón en la nerviosa historia de Jacques. Las cinco canciones que componen este lanzamiento siguen las directrices que Reynolds parece haber delimitado con seguridad: clase, decadencia de lo más elegante, y dispersión a su antojo (tan pronto abraza el soul como el storytelling, el tecno-pop o la poesía recitada). En "Tuesday's Child" afronta su versión blanca de la música negra, romántica y sedosa, mientras que carboniza al momento siguiente con "Banished by the Underground, Hunted by the Overground" y su ruidismo tímido. Luego se atreve a pervertir a Hal David y Burt Bacharach con una balada pantanosa, "Silverblues", que en su garganta torna necesidad y llanto. "Butterbaby" empieza y termina tímidamente pop, pero se desarrolla descaradamente adictiva, y finalmente la canción que titula el disco envuelve en nubes una voz oriental. Pero por encima de todo, Jacks y Jacques, folk y blues, pop y descaro ochentero, siempre quedará Anthony Reynolds y la voz, la pose, la actitud de un hombre que ha hecho de la música su vida, y de su vida la mejor manera de presentarse como esa gran estrella que quiere ser.
 

Emak Bakia
Frecuencias de un rojo devastador

CD-álbum [nois1034]

Ya está oficialmente a la venta el tercer álbum de EMAK BAKIA. El trio formado por Abel Hernández y Coque Yturriaga (ambos también miembros de MIGALA) y David Fernández (ex-Aroah, y ahora en A Room with a view) nos presenta un trabajo titulado "Frecuencias de un rojo devastador" con 14 canciones inquietantes, poéticas y agónicas, un puzzle de sonidos e imágenes que remiten al cut 'n' paste, Matt Elliot, Hood, el hip hop, el sello Warp o la inditrónica. Seguramente estamos ante uno de los mejores álbumes del 2003, de un grupo admirado por gente como Piano Magic, Ian Crause o Thalia Zedek y que ya recibió muy buenas críticas con sus "Jane", "Después" y el CD-EP publicado el año pasado: "Un Cuerpo Extraño", uno de los destacados del 02 según revistas como Rockdelux. Este disco deja pocas puertas entreabiertas, y se adentra en territorios poco explorados, incómodos para muchos otros músicos. Aparca de nuevo los rasgos más clásicos, aunque se abra y se cierre con “La telaraña de sus ojos” y “Vista aérea del viaje a Tsukiji”, dos piezas de acústica y folk introvertido. Profundiza en la abstracción y la (¿de?)construcción hip hopera, pero sin alejarse demasiado de la melodía y de “eso” que, en definitiva, define los temas. Desplaza la voz a un plano medio, pero nos la planta en la cara cuando menos lo esperamos, en primer plano o como escenario. No pierde el contacto con los teclados atmosféricos que sirvieron de personalidad en los inicios, pero abunda en la oscuridad y la frialdad como leit motiv de muchos de sus intentos. En definitiva, descongestiona una nueva vía para tres mentes inquietas y calenturientas, que conciben la música como remedio inevitable para una percepción particular del mundo. “Frecuencias de un rojo devastador” inspecciona, aturde, emociona, divaga, se centra, rebota, encuentra y relata. Todo en uno.
 

Julie Doiron / Okkervil River
split-album

CD-álbum [nois1033]

Desde que la canadiense Julie Doiron dejó Eric´s Trip tomó con fuerza las riendas de su carrera en solitario. Arropada por el excelente sello Jagjaguwar, ha ido entregando en los últimos años obras de calado íntimo y sensibilidad extrema, como el estupendo "Heart And Crime", su (por fin) primer álbum en francés, "Désormais", o "Julie Doiron And The Wooden Stars", ganador en la categoría de mejor álbum independiente del Juno, equivalente canadiense al Grammy. Se encarga esta chica de apariencia sencilla y tierna de la primera mitad de un split cd que va directo al corazón. Armada con una guitarra de arpegio tenue y sonido cercano, valiéndose de su voz para contarnos historias que adaptamos como nuestras al minuto, expresándose como si estuviera justo ahí al lado, casi resoplando en nuestro oído. Con el pulso firme de Jason Molina en la pluma, y la misma capacidad de encontrar tesoros en la sencillez que posee Chan Marshall, Julie narra y trenza melodías que, aún agridulces, conservan toneladas de ternura (que no necesariamente inocencia). La otra mitad viene firmada por Okkervil River, nombre extraído de una historia de Tatiana Tolstaya. La banda, dirigida por Will Robinson Sheff y procedente de un pequeño pueblo de New Hampshire, es todo menos "normal", mil veces más allá de lo que una primera impresión (es decir, la larga estela de Will Oldham) deje entrever. Porque Okkervil River, si acaso, se situarían del lado de Clem Snide, o sea, el de los que abrazan la tradición del folk y el country, y la nutren de absurdo, extravagancia, y sana esquizofrenia. Robinson Sheff, que cuenta entre otras ocupaciones la crítica musical en allmusic.com y la de cine en The Austin Chronicle, definió a su grupo (e incluso a su vida) como un fracaso total. Incluso, un fracaso profesional premeditado. Pero este Will, junto a Zachary Thomas, Johnathan Meiburg y la nueva adquisición del ilustrador Mark Pedini, sabe muy bien lo que hace: en concreto, desgranar preciosas baladas epidérmicas y explosivas, contar historias que entremezclan el tópico del sur gótico norteamericano con la literatura rusa de personajes al borde de la histeria moral.
 

Manta Ray
Take a Look

Cd-EP [nois033]

El título del último álbum de Manta Ray, “Estratexa”, indica claramente que los gijoneses saben bien lo que hacen, dirigiendo con nervio y firmeza cada paso en su carrera. El álbum ha sorprendido a crítica y público, y las reseñas y entrevistas están siendo sobresalientes, tanto aquí como fuera de España. Pero no contentos con eso, y para apoyar la gira que iniciaron el 13 de marzo en Moscú y que ya les ha llevado por Portugal, Francia, Italia, Suiza, Alemania y Bélgica, editan este single con dos temas inéditos, nuevo peldaño de coleccionismo obligado. “Take a look”, también espectacular apertura para el álbum, sirve de carta de presentación: caos repetitivo y turbador, que se ordena con un bajo cíclico y unos arreglos espaciales. La voz persigue la esquizofrenia de Alan Vega, segura al volante hasta un cambio rítmico que devuelve la distorsión al mundo de Manta Ray. Pero no todo es retorcerse, así que “Demasiado líquido” presenta guitarras abiertas, una base dulce y un recogimiento en la voz, casi al susurro, que en castellano busca la luz protectora. Anari, además, desliza su hermoso euskera como contrapunto perfecto y de dualidad clarificadora. “Por qué esperar” no facilita la huida. La canción que cierra el disco despega con taquicardia en las baquetas y un bajo profundo. La voz y la guitarra se ceden mutuamente un espacio diáfano para la duda y la búsqueda: tanteando su propio pulso, Manta Ray encuentran un camino pleno de hallazgos. Pero este “Take a Look”, que de nuevo pone a Kaki Arkarazo a los mandos de producción, no sólo es eso. Si la carrera de la banda puede asociarse sin rubor al compromiso, también diremos que esa inquietud y coherencia no se plantea sólo desde el aspecto meramente musical: “Estratexa”, además del disco de Manta Ray, es un documental dirigido por el poeta y realizador Ramón Lluis Bande (ya conocido por sus colaboraciones con Nacho Vegas, Aroah, Mus o Viva Las Vegas), en el cual se iluminan partes oscuras de la historia de Asturies. A través del testimonio de un “fugao”, e hilando el discurso con las fotografías de Constantino Suárez, se nos muestra el período que oscila entre 1934 y 1940, durante el cual se vivió allí una revolución popular, además de algunos de los más cruentos episodios de la Guerra Civil. El apéndice final de ese documental, “Estratexa (fragmentu)” sirve, como pista de vídeo, para clausurar un nuevo y sólido paso en la discografía del cuarteto xixonés.
 

Sr. Chinarro
El ventrílocuo de sí mismo

CD-álbum [nois1032]

El nuevo trabajo de Sr. Chinarro supone un verdadero punto y aparte a su frenética actividad del último par de años (dos álbumes y dos singles). Antonio explica el tono más arisco y crudo de los proyectos posteriores a "La pena Máxima" (EP del año 2000 para la revista Rockdelux) afirmando que "Todas las canciones anteriores a 'La ópera...' estaban tejidas sobre una malla de desasosiego. Decidí mostrar directamente la malla: no tuve ganas de tejer". Pero paradójicamente y en otro de sus constantes quiebros emocionales y estilísticos, el inquieto Luque ha reservado para "El ventrílocuo de sí mismo" un sonido lustroso y dinámico: algo así como el cóctel perfecto entre "Brotherhood" (New Order), "Armarios y camas" (La dama se esconde) y el primer álbum homónimo de The Smiths, si es que puede decirse a estas alturas que Sr. Chinarro suenan a algo más (o menos) que a Sr. Chinarro. Diez canciones de pop lírico e irónico, que sintetiza el aprendizaje y el bagaje musical y literario que Antonio Luque ha acumulado con el paso de los años. "El ventrílocuo de sí mismo" es, sin duda alguna, uno de sus discos más brillantes e inspirados. Corazones de goma 2, bailes de San Vito, panes volcánicos, vinos satánicos, tontos con lápices y trabajadores de smoking se dan cita ahora en unas composiciones que han sido calificadas de "costumbristas", "surrealistas" y hasta de "pura matemática". Muchas cosas se han dicho sobre su estilo como letrista. No en vano uno puede buscar y encontrar ecos de Paolo Conte, Silvio, Robert Smith, Kiko Veneno, Ian Curtis, el flamenco, Kafka, Gómez de la Serna, el Mediterráneo, las fiestas populares y el triste sin vivir de los que no saben contar chistes ni bailar sevillanas aun viviendo en el centro del jolgorio. En muchos sentidos sus letras evocan una Andalucía secreta de barracones de playa, ex-compañeros de clase en el arroyo, ferias sufridas dentro de una gabardina y padres con las manos muy largas y la cartera vacía. La vida doméstica y el absurdo de la vida de adulto parecen haber calado hondo en sus últimos textos. Luque -en una entrevista para la web francesa Popnews.com- confiesa haberse sentido influido en este nuevo disco por"el verano, los celos, el si menor, zumbidos variados, zumbidos diversos, un folklore antipático, los discos que me gustan y yo mismo".
 

Manta Ray
Estratexa

Vinilo 180 gramos [nois1031LP]

 

Manta Ray
Estratexa

cd [nois1031]

Ya lo decía Truman Capote a través de Santa Teresa: “Se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas”. Y si había opiniones entre dientes que sostenían que se echaba de menos a los Manta Ray que pensaban en clave de rock y nos destrozaban a base de furia y contundencia... pues bien: dos tazas. No sólo vuelven primitivos los asturianos, sino dispuestos a arrasar con todo. De una pieza, a mordiscos. Pegando patadas, demoliendo a piñón fijo. Pero no debería sorprender por parte de un grupo que nos tiene acostumbrados a la finta, al cambio de tercio, la inquietud constante y la evolución sin freno. En los albores del indie nos encontramos con un EP editado por Subterfuge (“Escuezme”), y una canción, “With Love And Squalor”, que para el 94 y nuestra idea de la música española, supuso un bello revés de con(s)ciencias. De entonces al 2002 van ocho años de compromiso con ellos mismos y con una trayectoria inflexible dentro de la diversidad. Intervalo en el que han aprendido a asimilar y compartir (fuese con Corcobado y Diabologum o junto a Schwarz en el reciente “Heptágono”) y donde decidieron no quedarse atrás sea en estudio o en sus innovadores directos. Y todo ello gracias un catálogo fornido cuyos momentos álgidos han sido sus últimos álbumes de estudio para Astro: “Pequeñas Puertas que se Cierran, Pequeñas Puertas que se Abren” y “Esperanza”.
Pero hoy es hoy. Y el presente es “Estratexa”, o sea, “estrategia” en asturiano. Y nos lo dan de nuevo con Kaki Arkarazo (Fermín Muguruza, Anari, Chucho...) tras los mandos. “Estratexa” no es sólo rock contemporáneo. Porque, aunque las baterías no concedan descanso y las guitarras entren en combustión, aquí Manta Ray se acercan más al krautrock o a las coordenadas musicales del avant-garde sónico de las últimas décadas. Desde el principio “Take A Look” da miedo con su ritmo marcial y su bajo en espiral, con sus gritos y con su claustrofobia, y la canción que titula el álbum no parece menos impulsiva: despega con un bajo saturado y una batería sin huecos, y se va desarrollando tensa hasta un final demoledor (no hace falta letra para captar el matiz). ¿Y no es “Qué Niño Soy” otro escupitajo atemorizante, una autocrítica enfrascada en himno post-hardcore, además del primer single del elepé? “Asalto” ataca como un martillo pilón, también instrumental, en el que las guitarras entran y salen dando coces, y “Monotonía” y “Ébola” lo dicen todo ya desde el nombre (la primera con voz gutural -y cerrojazos de algo que parece un bajo- forzando el carácter sexual de la enfermedad, y la segunda aplicándose a un rock’n’roll nervioso que ya quisieran para sí los ‘nuevos’ grupos del ‘nuevo rock’). “Another Man” resulta ser un doble in crescendo de pesadilla que despeja la ecuación de ruido y melodía dejando al oyente sin respiración. Sólo en “Añada” -que se centra más en el ambiente y el decorado, y a la que no se le sublevan las revoluciones- y en el doblete final compuesto por “Rosa Parks” y “Ausfahrt” encontraremos un poco más de reflexión y búsqueda, un espíritu matemático más predispuesto al sonido y a la canción que al grito y la emoción epidérmica.
Porque aquí lo que hay es un take no prisoners en toda regla. Una negación rotunda a la distracción, y una producción en la que se intercalan teclados de frenopático entre mantos de distorsión, y viceversa. Rastros de la Alemania minimal entre zarpazos made in Washington D.C. Manta Ray siguen estando al frente, consiguiendo que en cada álbum obtengamos hallazgos, que en cada concierto las piezas muten y nos pillen por sorpresa. Aprendiendo y dando lecciones de clase. Moraleja: apártense de su camino, porque aplastan.
 

VV.AA.
Acuarela Songs 2

3 cd [nois1029]

Un segundo paso que sabe a homenaje, repaso, decorado y declaración de intenciones. El pasado año “Acuarela Songs” fue un doble álbum que recopilaba canciones de grupos tanto nacionales como foráneos que, a un tiempo que demostraban admiración por el sello que ahora cumple nueve añitos, dejaban caer su propia interpretación de ‘acuarela’, en tantos sentidos como versiones e idiomas. Después del éxito de esta reunión, la segunda entrega -esta vez, triple y con 39 canciones EXCLUSIVAS e inéditas- de este proyecto vuelve con renovadas energías y un elenco de participantes que asusta.

Disco Uno:
¿Qué mejor que comenzar con profundidad y melancólica esperanza? Si The Windsor for the Derby, banda de Austin (Tejas) que orbita alrededor de Dan Matz y Jason McNeely, ha editado en Young God, Aesthetics o Trance Syndicate, por algo será. Igual que la ex Come Thalia Zedek, forjadora de un rock cada vez más íntimo que no admite discusión. Natural Snow Buildings, por su parte, llegan desde la distribuidora parisina de cd-r Hinah, y nos sorprenden con una cálida pequeña obra de guitarras perezosas y chelos emotivos. Al contrario que Experience, el grupo del ex Diabologum Michel Cloup, que barrió con su rock combativo y enérgico tanto los escenarios como las listas de lo mejor del pasado año. Los británicos Jack desgranan otro de sus pequeños cuentos sobre tecno básico y amagos disparatados (con un Anthony Reynolds siempre expresivo), y Nacho Vegas hace acompañarse de Mónica Vacas -Mus- para un rastro de Diariu cada vez más clásico. Cruzando el charco, L’Altra, uno de los grupos más certeros de pop ensoñador, nos habla de colores por medio de una versión del clásico de Donovan, y el galo residente en Tucson Amor (mitad de Amor Belhom Duo) se deshace según las calificaciones académicas (dale una “A”) y en pop de comedia clásica. Otros que saben de blanco y negro, nuestros Migala, se descuelgan con una versión instrumental y live de un tema rotundo, magno y épico: pura tensión en ascenso. De nuevo en giro, y desde Nantes, el ahora trío Man casa bien con el sello Les Disques du Soleil et de l’Acier, a través de una delicia de folk instrumental, acústico y claramente mediterráneo. No como el cuarteto norteamericano Victory At Sea, responsables de una arisca, tensa y dramática balada rock, guiada por la nerviosa voz de Mona Elliott, a medio camino de The Black Heart Procession y The Rachel’s. Y si los cuatro vienen de Boston, James William Hindle lo hace desde Yorkshire. Y no parece casual que grabe en Badman Reconding Co. o que apareciera en el homenaje a John Denver que coordinó Mark Kozelek: su folk aparentemente sencillo y clásico lo revela como maestro de las pequeñas sensaciones. Categoría que también se reserva el alter ego de Jack, Jacques, para cerrar con levedad la primera etapa de esta segunda historia.

Dos:
Para empezar, en la frente: Manta Ray monocromáticos y en clave apisonadora (porque en el rock cuadrado manda quien manda). Emparentados con Victory At Sea a través de Spore, 27 es un trío con fuerza y sentido, poderío y color armónico. Sin la historia, eso sí, de los siempre brillantes británicos Bitter Springs, que aquí declaran ambientales por qué son uno de los grandes en esto del pop. Como el gran chansonnier de los 90, Dominique A, que se muestra esta vez inconformista y heterodoxo. The Zephyrs, revelación escocesa del pasado curso, amplian su cuenta de hermosas canciones entre neblinas, y los valencianos Polar se marcan uno de sus -ya habituales- hits de pop rock infalible. Lo de The Strugglers no es por conocido menos valioso. Piensen en su debut, “Done By The Strugglers”, o en la belleza country rock (a la manera de Bonnie ‘Prince’ Billy) de esta “Noun to Noun”: hermosura clásica de un tal Randy Bickford al que seguiremos la pista. Y no menos bella es la demostración de pop de cámara de un duo de Vancouver, P:ano, que forman Nick Krgovich y Larissa Loyva -ayudados aquí por la viola de Mariko Molander-, hipotético cruce entre Low, Mark Hollis y A Silver Mt. Zion (ahí es nada). Grupo Salvaje, al margen de un homenaje que musicalmente tiene todo el sentido, es una de las sorpresas de este segundo “Acuarela Songs”, desvelada a través de unos créditos que nos descubren a un hombre-de-toda-la-vida como Ernesto González (Pribata Idaho) entre sus miembros. Ah... Paso perfecto para que Yann Tambour, uno de los últimos geniecillos que nos ha dado la escena gala, desmonte su brillante debut de electrónica oscura y recitado salvaje, como Encre, mano a mano con una banda de directo que deja en cenizas y astillas todo lo antes propuesto. Con el tiempo justo de contemplar la sutileza de un “El Naval” que nuestros Mus consideraron primigenio, o de dejarnos arrastrar por el hardcore inteligente de los mejores chicos de Irún, Lisabö. Intervalo peninsular que otorga el cierre a Guimo, quinteto de Bordeaux liderado por Guillaume Hermon que edita en Les Disques Mobiles y se mira en 4AD para buscar el paisajismo pop más melancólico.

Tres:
Un histórico: el Sonic Youth Lee Ranaldo hace de las suyas y nos sumerge en una pesadilla hipnótica. Luego, el cuarteto de St. Louis The Potomac Accord cae a plomo con un rock épico que parece convertir a Sunny Day Real Estate en paisajísticos, mientras que Anamude (en realidad, Ana Hortillosa) confiesa desde San Francisco su deleite por Shakespeare, John Fahey y Robert Johnson, en clave del folk pop minimal. Tiempo justo para que L’Altra (¡en español!) repitan participación y desvelen electrónicos y épicos su descripción de Acuarela. Lo mismo que los siete germanos que conforman Green Apple Sea, pero desde códigos de rock norteamericano (es decir, nada que ver). Con seis miembros menos, Nicolas Laureau (capo del sello Prohibited y fundador de Prohibition y NLF3) escupe bajo su alias Don Nino una pequeña belleza de folk blues cíclico y delicado. Cynthia Nelson (Retsin y Ruby Falls) se arrima a Michael Littleton bajo el nombre The Sophie Drinker, rindiendo homenaje a la misma a través de un cálido tema pop. Raül Fernández (Élena, Romodance, Sitcom... ), con amigos y su alias Refree, se muestra clásico y en contra, y el duo norteamericano Vitesse descarga su elegante y retro techno pop desde Nueva York, justo a un paso de que el hispalense Antonio Luque disparate con su Sr. Chinarro un “El Single Chiquichancla” en la onda de su Ep “La Tapia de Perejil”. El trío de Brooklyn Timesbold refleja su acuarela sobre un fondo de hiriente y oscuro pop de juguete, y aunque Transmissionary Six, que publican en FILMGuerrero, puedan no sonarnos de nada, aclararemos que la atmosférica oda que aquí muestran viene firmada por Terri Moeller (Walkabouts) y Paul Austin (Willard Grant Conspiracy), y está grabada por Kevin Suggs... Ah. Por último, los gaditanos Ursula saquean el catálogo nacional de Acuarela en un collage electrónico y lírico tremendo -en todos los sentidos- y sentido -en toda su oscuridad-. Mejor final, imposible.
 

Thalia Zedek
You´re a big girl now

mini cd [nois032]

En la década de los noventa, la música independiente dio cuatro perlas absolutamente intachables dentro de lo que pudo ser el rock clásico reconfigurado a partir de una batidora histórica y unas visiones honestas y personales. Sin ser excesivamente revisionistas, pero sin alejarse de la tradición. Dos individualidades y dos bandas. PJ Harvey y el desaparecido Jeff Buckley. Afghan Whigs y Come. Y no son pocas las semejanzas entre estos dos últimos. Ambos aparecieron en Sub Pop (luego, los de Greg Dulli embarcaron en Elektra, y Come se quedó con Matador), y ambos regurgitaron un legado de blues, rock y soul, a través de la tensión, la abrasión y cierta querencia por el hardcore más templado. Come se crearon en Boston, alrededor de Thalia Zedek (ex de Live Skull o Uzi) y Chris Brokaw (batería en el “Frigid Stars” de Codeine), dos gargantas raspadas y dos guitarras hábiles y retorcidas. Fueron secundados por secciones rítmicas tan potentes como las de Sean O’Brien y Arthur Johnson, Mac McNeilly (Jesus Lizard), o los ex Rodan y The Sonora Pine Kevin Coultas y Tara Jane O’Neil. Dieron (al margen de singles y EPs) cuatro largos absolutamente intachables: “Eleven:Eleven”, “Don’t Ask Don’t Tell”, “Near Life Experience” y “Gently Down the Stream”. Pero las cosas cambian, y la gente evoluciona: mientras Brokaw se entretuvo con Pullman, The New Year o sus proyectos en solitario, Thalia Zedek volvió a enseñarnos sus dientes (eso sí, apretando menos) con “Been Here And Gone”, que el pasado año nos la trajo más clásica, dolida y tranquila. Incluso, muy a gusto en nuestras tierras, se armó con un all-stars del indie español, y presentó sus canciones en el Tanned Tin 2001, junto a Nacho Vegas, Frank Rudow, Nacho Álvarez, James -violinista de Piano Magic- y Tara Jane O’Neil en uno de los conciertos del año pasado. Tanto debió gustarle el experimento que volvió a visitarnos, esta vez en gira completa, y con prácticamente la misma configuración (con David Michael Curry, de Willard Grant Conspiracy, al violín). Pero la historia no acaba aquí: “You’re a Big Girl Now” es la constatación de que Thalia forma parte de nosotros. Mini-álbum editado al unísono por Acuarela Discos y Kimchee Records, las seis canciones que contiene se convierten en el perfecto epílogo para los que degustaron con ansia su LP en solitario. Entre otras cosas, porque conserva parte de su elenco y su intención. Siguen Mel Lederman al piano, Daniel Coughlin a la batería y David Michael Curry con el violín. Sigue la perfección instrumental, el rock perezoso (que cambió la desesperación por la melancolía, la tensión por la reflexión), su voz rota y sus guitarras que culebrean. Algo así como unos Dirty Three en formato canción, como los Bad Seeds en clave femenina. Y si en el álbum homenajeó a Leonard Cohen, aquí se desmarca con la clásica “Candy Says” de The Velvet Underground, y con una réplica a Dylan que, además, le da título global al disco. Pocas veces una madurez se ve tan bien entendida (y “JJ85” y “No Fire” podrían ser de su ex grupo si subieran un poco las revoluciones). La classe, la classe, que dirían en el país vecino.
 

Greg Weeks
Slightly West

Cd-EP [nois029]

Greg Weeks, neoyorquino de pro y poseedor de una lengua afilada, se dio a conocer con un largo, “Fire in the Arms of the Sun”, allá por 1998. No contento con eso, se empeñó en batir el récord de apariciones en split CDs y recopilatorios de publicaciones tan respetadas como Ptolemaic Terrascope o Comes With a Smile. También con la canción que le representó en el volumen uno de la recopilación de Acuarela Discos “Acuarela Songs”. O en el cd que compartió con Tinsel y nuestros Migala, editado en Keyhole y a razón de tres temas por barba.

Así, poquito a poquito, Weeks consolida fama y posición, y deja caer trabajos más concretos, como el Ep “Blecker Station” o el largo “Awake Like Sleep”, que el pasado año nos lo hizo familiar de una vez por todas, además de colarse, como quién no quiere la cosa, en más de una lista de lo mejor del pasado curso. Y es que, la verdad, a Greg Weeks hay que quererlo. Será por su pinta de nerd hermanastro de los gemelos de “El Castañazo”. O porque en su web se dedica a desgranar todos y cada uno de los porqués de su música, de cada canción, de la pretensión de cada disco, de todas sus apariciones en directo. El que lo trate por primera vez a través de “Slightly West”, quedará ya impactado por el artwork que envuelve a las cinco perezosas composiciones: tres dibujos de la hawaiana Tracy Nakayama, todos precisión y sensualidad, que además dan título al lanzamiento. Una vez seducido, el oyente entrará en la música de Weeks, a medio camino entre el songwriting sensible (el de Nick Drake y el Tim Buckley menos folklórico), y el gusto por el pop estratosférico, enturbiado y espacial a-la The Incredible String Band. Lleno de guitarras leves, colchones de teclados de regusto ochentero y planeador, y una base rítmica que, cuando aparece, le lleva de la mano con comodidad y ajuste, sin molestar, y grabado en los Dub Narcotic Studios por Adam Forkner (quien bajo Yume Bitsu edita para el sello de Calvin Johnson), “Slightly West” también cuenta con otros dos de los habituales colaboradores del norteamericano, el bajista Jesse Sparhawk y la vocalista Victoria Croog.
 

Vitesse
You win again, gravity!

cd [nois1030]

Cuarto larga duración (con un tema inédito para Acuarela, que ha licenciado el disco en Europa) del misterioso dúo americano de tecno-pop introspectivo. 16 canciones extraídas de un aguacero de teclados analógicos, una filigrana de guitarras puntuales y el feedback de las sirenas espaciales, delicados ritmos retro y una bien condimentada porción de Stephin Merrit/Ian Curtis en los textos y la voz. Vitesse tienen un sonido tan intimo y *sintetizado* que ha sido catalogado como “música acústica potenciada por la electricidad” o “pop analizado a través de una lente suave”. Los artífices de este dechado de clasicismo moderno, Joshua Klein y Hewson Chen, son también miembros de otros proyectos como Aden, Toulouse y Alsace Lorraine. Vitesse han publicado dos LPs con Hidden Agenda/Parasol, 'A Certain Hostility' (1998) y 'Chelsea 27099' (2000). El año pasado editaron su tercer álbum “What Cannot be but is", exclusivamente en Acuarela. Se trataba de una joya -versiones de OMD y Bruce Springsteen incluidas- de pop introspectivo, con letras que hablaban de ojos llenos de lágrimas, la necesidad de redención, y la idea de que el mundo está cambiando demasiado rápido. Aun dentro de las mismas coordenadas de Astrud o The Magnetic Fields, nuestros Vitesse (influidos, además, por A-HA, los The Cure de “Japanese Whispers”) se diferencian de aquellos en cómo se alejan premeditadamente de toda ironía, tomándose encantadoramente en serio todo lo que tiene que ver con el corazón: sin dobleces sentimentales, sin triples lecturas: directos al hueso por medio de una poesía y unos estribillos que tienen como única referencia el amor, el desamor, la nostalgia y las cosas que se dicen cuando ya no hay nada que decir.