Sr.
Chinarro: el rey pasmarote
Publicado originalmente -en asturiano-
en la revista de poesía "Entellunu"
¿HAY
ALGÚN método para viajar sin salir de tu habitación? Yo conozco
unos cuantos, pero uno de los que más uso, por fiable y agradable,
es poner un disco de Sr. Chinarro. Y es que este grupo sevillano
es uno de los pocos que pueden presumir (y no estoy hablando
sólo de España) de crear un universo musical y literario tremendamente
personal.
Sr.
Chinarro nace a principios de los noventa de la mente de Antonio
Luque, irrepetible personaje, compositor mayúsculo y artista
de la cabeza a los pies las venticuatro horas del día que se
mueve, sin control, por la estrecha línea que separa genialidad
(discos) y locura (conciertos). Dicen los que oyeron las primeras
maquetas del grupo que aquellas canciones tenían un sonido oscuro
y obsesivo, con guitarras distorsionadas y repetitivas. Hay
que tener en cuenta quiénes son los héroes de Antonio Luque:
grupos tan básicos como The Cure o Joy Division que, en la Inglaterra
post-punk, fueron, voluntaria o involuntariamente, abanderados
de un movimiento formado por jóvenes amantes de los sonidos
góticos y melancólicos, las letras crudas y depresivas, los
pelos cardados y el luto riguroso. Sí, los siniestros. ¿Os acordáis?
En poco tiempo los responsables del sello independiente Acuarela
se enamoraron del grupo, que actualmente, siete años después,
continúa en el mismo sello, su lugar natural. En Acuarela se
ocupan de promocionar al grupo enviando maquetas a medio mundo,
y poco después reciben una carta del afamado productor neoyorquino
Kramer anunciándoles que Sr. Chinarro es uno de esos diez grupos
seleccionados por el productor para trabajar con él en el año
1994. Así, en la primavera de ese año Sr. Chinarro desplaza
su pequeño circo hasta Nueva York para ponerse, durante una
semana, bajo las órdenes de Kramer. El resultado de todo este
trabajo aparecerá bajo el nombre de Sr. Chinarro, un disco que,
como muy bien dice Luque, "es la primera grabación larga, pero
no el primer disco". Y es verdad, las doce canciones del álbum
(más una versión de "Leave me alone" de New Order) pertenecen
a diferentes épocas. Básicamente se regrabaron canciones de
las primeras maquetas, temas desperdigados por recopilatorios...
El únicu elemento de unión entre las canciones es su altísima
calidad. La evolución de Sr. Chinarro fue impresionante. El
autismo anterior se dejó atrás, y los fans del grupo nos encontramos
sorprendidos con un pop lánguido y tristón, con teclados juguetones
y unos preciosos arreglos de cuerda, gráciles y contenidos (un
ejemplo ahora que todo el mundo quiere ser Scott Walker). La
mano de Kramer se hace notar en una producción brumosa que convierte
la oscuridad anterior en misterio, envolviendo todo el disco
en una atmósfera íntima y difícil de esplicar al que no la oiga.
Esta irrepetible atmósfera le da al primer álbum de Sr. Chinarro
un carácter muy especial, algo indefinible que hace que los
fans sintamos algo especial por este disco aunque después vinieran
muchas sorpresas agradables, y es que... ¿alguien puede negar
que "Niño helado" es hermana de "Lovesong" de The Cure? ¿Puede
escucharse "En el panal" sin sentir un escalofrio? Creo que
no.
Punto
y aparte merecen las letras de Sr. Chinarro, de las que todavía
no he hablado. Como era de esperar en un grupo tan personal,
las letras, escritas por Antonio Luque en un permanente estado
de gracia, responden a un concepto tan original como deslumbrante.
De momento, en este primer disco encontramos turbadores recitados
surrealistas (estoy hablando de surrealismo de verdad, no de
ese surrealismo chusco que tanto abunda en performances de centro
social y pintadas universitarias) en los que aparecen, entre
referencias a tópicos populares, personajes como niños helados,
vírgenes japonesas, nazarenos con la risa tonta o saltimbanquis
en bajamar formando un mundo al borde de la incomprensión pero,
sin duda, fascinante.
Después
de publicar este trabajo en el 94, Acuarela saca a la venta
en 1995 Lerele, un nuevo single de la banda. No es mi intención
detenerme en todos los numerosos singles y canciones sueltas
del grupo, pero creo que Lerele merece que hable de él por incluir
uno de sus temas clásicos: "Su mapamundi, gracias", canción
versionada por Los Planetas, grandes admiradores de Sr. Chinarro.
"Su mapamundi, gracias" es una de esas canciones con un crescendo
casi imperceptible, una historia de Reyes Magos despistados,
meriendas de negros y caballos de madera que llega al final
con la misma fuerza que algunos recuerdos de infancia. En la
cara b encontramos "Musarañas, etc.", una pequeña joya escondida,
maravilla oscilante de lirismo introspectivo con espíritu pop
y toda la emoción de los Smiths. Una de mis canciones preferidas
del grupo, si no la favorita.
Es
en 1996 cuando por fin ve la luz el segundo disco de Sr. Chinarro,
titulado Compito y grabado en Tarifa, Cádiz. Este disco es el
primero en el que aparece David Belmonte, el músico que más
tiempu estuvo en el grupo de Luque y el que más influyó en el
sonido del grupo. Con Belmonte entran en la música de Sr. Chinarro
aires mediterráneos que lo invaden todo. Acordeones, teclados
y bandurrias aparecen en las canciones en forma de arreglos
magistrales que pueden recordar a Paolo Conte o Dominique A
(por mucho que diga Luque que no escucha a esos artistas). Sin
embargo, a pesar de toda esta riqueza de arreglos, Compito es
un disco pobre, de arrabal, callejero. Habla Luque: "Preparamos
las canciones días antes de entrar a grabar en una nave industrial
sin luz y vacía, con una guitarra acustica o flamenca, no recuerdo
bien, y un acordeón de cinco mil pesetas con el que se grabó
el disco. Obligatoriamente tiene que salir algo de la calle
o vagabundo". Además, antes de la grabación había habido un
cambio de formación en el grupo y se notaba que las canciones
estaban preparadas con gente distinta. Aunque desordenadas,
encontramos dos tipos de canciones en Compito: unas cuantas
con un carácter más pop, como "Sal de la tarta", la increíble
"Papá matemáticas" (la escuchas y te preguntas si puede haber
algo más perfecto) o una nueva versión (con cambios en la letra)
de "Su mapamundi, gracias", y algunos delirios de intensidad
vertiginosa como "Pingüino emperador" o "A la comba". En cuanto
a las letras, estas también reflejan los nuevos aires mediterráneos:
aumenta la presencia de refranes y frases populares. Pero además
encontramos deslumbrantes juegos de palabras, con doble y hasta
triple sentido, y pueden detectarse difuminadas historias de
bailaoras borrachas o hijos de capitanes de la marina (¿o es
de la sardina?).
Desde
1996, y quizás debido a la entrada de Belmonte en el grupo,
Sr. Chinarro entrará en una etapa altamente creativa que dará
lugar a la publicación de un álbum al año. Si en el 96 Compito
anunciaba la llegada de aires meridionales y de un espíritu
más pop y accesible, El por qué (sic) de mis peinados, el disco
del 97, fue la confirmación, al menos para mi, de que Sr. Chinarro
era el mejor grupo de pop español, no sólo de los noventa, sino
de todas las décadas (¡ya lo he dicho!). El por qué de mis peinados
no es sólo un disco, es una caja mágica que contiene un maravilloso
mundo de luz y color, un viaje por dos mil pesetas a la Sevilla
más misteriosa, una feria secreta por la que paseamos con el
mismo asombro de cuando éramos niños. El por qué de mis peinados
es un disco inacabable, con tanta densidad y riqueza de detalles
que siempre estás descubriendo algo nuevo: un arreglo de acordeón
de la que no te habías dado cuenta, un juego sintáctico en las
letras que estaba escondido... Luque exprimió todo su talento
en once canciones de pop sereno que, con la ayuda de un ejército
de ideas en forma de arreglos de teclado, melódica, acordeón,
piano y hasta trompeta, desarman a cualquiera. Sr. Chinarro
nunca había sonado tan accesible y, a la vez, tan cercano a
su esencia, seductora mezcla de la oscuridad gótica y la luminosidad
mediterránea. El mismo Antonio decía: "Para este disco estuvimos
dos o tres meses en un local de ensayo, lo que es algo que te
da una base. Tuvimos más tiempo para prepararlo y para grabarlo.
Me ha dado tiempo a construir el edificio Chinarro tal como
yo lo tenía entendido desde el principio". A la construcción
de ese edificio ayudaron, es justo reconocerlo, los coros femeninos
de una chica, Sandra, que ya había estado en otro grupo de Sevilla
llamado Hébridas y que era perfecto contrapunto a la voz grave
y de timbre neutro de Antonio Luque, y los arreglos del maestro
Belmonte: bajos a lo Peter Hook de Joy Division/New Order, un
piano revoloteando, la trompeta del "Quinto levanta"... En cuanto
a las letras, son perfecto reflejo de la parte musical de las
canciones: cada vez menos surrealistas y más costumbristas,
van tejiendo una red de asociaciones libres y estímulos, de
notas de humor e historias ocultas, que te atrapa sin remedio.
Luque se muestra como un maestro del lenguaje que lo mismo hace
malabarismos sintácticos que menciona a "los sabios comentaristas
del carrusel". Este estado de euforia creativa se extiende a
los conciertos. Todavía no había tocado el tema, pero Sr. Chinarro
era un grupo con fama de tener un directo espantoso: "Es cierto;
sin afinador, improvisando, sin un papel con el orden de las
canciones, con las cogorzas probablemente haciendo de lo suyo".
Aunque es muy fácil pedirle profesionalidad a una banda cuando
los que la rodean son todavía menos profesionales que los propios
músicos, Antonio intentaba justificarse: "Yo sé cuál es el ideal
y entonces lo digo; y como sé cuál es, estoy en condiciones
de llegar a esa situación. Luego la práctica es distinta y si
hay condiciones chungas en el grupo o con el público, si te
dan barra libre como único pago, uno se emborracha y borracho
no se puede tocar". Sea como sea, en la época de El por qué
de mis peinados el grupo empieza a dar buenos conciertos, y
crítica y público empiezan a alabarlos (los conciertos). Todo
parece ir bien en casa del Sr. Chinarro.
Después
de un año de actuaciones presentando el anterior disco, la banda
publica en 1998 un nuevo álbum, titulado Noséqué-Nosécuántos
(¿Quizás una venganza contra la falta de ortografía del anterior
título?). Este nuevo disco viene a significar con respecto al
anterior lo mismo que (perdón por la comparación fácil) en la
discografía de The Cure significó Wish en relación a Disintegration:
un magnífico epílogo a la, hasta el momento, cima creativa del
grupo. Noséqué-Nosécuántos está tejido con los mismos mimbres
que El por qué de mis peinados (se nota que por primera vez
una misma formación básica, Luque, Sandra y Belmonte, repite
en un disco de Sr. Chinarro): pop sureño con arreglos mágicos
e historias de la Andalucía que sólo pueden conocer los que
viven en los barrios de las afueras de Sevilla. Sin embargo,
hay ciertos cambios que muestran una evolución: ahora Luque
canta como habla, con acento andaluz, los coros de Sandra ganan
importancia y las composiciones son todavía más refinadas que
antes, con un sonido menos lleno, ligeramente más afilado. Desaparecen
el acordeón y las melódicas (yo los echo de menos) y ahora el
peso de los arreglos cae, casi exclusivamente, en el piano.
Este disco tuvo mayor impacto en los medios, gracias a temas
tan pop como "El idilio" o "Santa Teresa", y Sr. Chinarro fue
invitado a presentarlo en la fiesta de inauguración del festival
de Benicàssim del año 1998. Recuerdo que yo estaba allí, y,
aunque no pude ver la actuación del grupo, recuerdo la sorpresa
de la gente (también la mía) cuando al leer el periódico del
festival encontrábamos unas declaraciones de Antonio Luque en
las que afirmaba: "Estamos repasando un poco las canciones porque
aún no las sabemos. Sí, es que me he puesto a tocar con tres
nuevos chavales". O sea, el sevillano había vuelto a romper
la banda y formarla otra vez con otra gente. Ni Belmonte ni
Sandra eran insustituibles. La pregunta que nos hacíamos los
fans era: ¿Por qué? "No soy un déspota. Lo que pasa es que las
canciones tienen que ser como a mí me da la gana. No quiero
a músicos empeñados en demostrar que son artistas y no quiero
discutir más con nadie". Luque cargaba incluso contra su último
trabajo: "Yo diría que es el más malo. Estoy en contra de lo
asequible por lo asequible. Tiene una onda más roquera y simplona".
Más tarde, en otra entrevista, hablaría del futuro. Cuando le
hablaban de los aires mediterráneos, del acordeón o del arrabal
respondía que eso "es algo que he dejado atrás. Ahora lo que
viene es una serie de temas que ya estoy grabando yo solo y
que son completamente distintos, como desarrollos de guitarras
amontonadas hechos con un solo acorde y con un teclado que estoy
usando mucho". Estas declaraciones eran de 1998, y durante 1999
lo único que se supo de Sr. Chinarro fue un concierto "fantasma"
(lo anunciaron para una hora y, por culpa de un campeonato de
tenis, lo emitieron a otra muy distinta, el teletexto decía
otra cosa... el típico surrealismo de la programación de televisión)
para los conciertos de La 2 y la presentación de los nuevos
temas en el festival de Benicàssim. Dicen las malas lenguas
de Internet que Antonio Luque llegó al festival sin músicos
y sin instrumentos, que estaba todo borracho al lado de estrellonas
como Damon Albarn de Blur o Brett Anderson de Suede, que les
regaló todos los pases de backstage que tenía a sus amigos,
que la gente de Acuarela andaba loca intentando encontrar a
alguien que subiera a tocar con él... En fin, de cualquier manera,
el concierto (al menos las tres o cuatro canciones que pude
oir por la radio) fue excelente, presentando nuevas canciones
que eran algo así como medios tiempos con un teclado emocionalmente
devastador. Como anécdota cuentan también que cuando alguien
gritó desde el público "¡Antonio, mueve el culo!", este respondió:
"Ahora vas a moverlo tú cuando pongan la música de El coche
fantástico". Genio y figura, ya saben.
Cuatro
días antes de tener que entregar este artículo me llegaba a
casa un paquetito con el último disco de nuestro héroe. Es un
single con cuatro canciones llamado La pena máxima, título que
une dos de las cosas que más le gustan a Antonio: la tristeza
y el fútbol (además es del Betis, así que lo tenía muy fácil).
Habrá que esperar a discos siguientes para ver por dónde tira,
pero la verdad es que estos temas, "Cero en gimnasia", "La noche
del Almax, "Un trébol de tres K" y "Hip hip hurra" suponen un
cambio bastante importante con respecto al Sr. Chinarro de los
últimos tiempos. Tensos y tristes (aunque con unas letras que,
a lo mejor soy yo solo, encuentro graciosas), casi claustrofóbicos,
imagino que reflejan el periodo de problemas en el grupo y la
manera en la que fueron compuestos (Luque solo en la habitación
delante del ordenador). Inevitablemente remiten al primer disco,
a aquel Sr. Chinarro ya lejano, y no sólo por la vuelta de las
cuerdas, sino por un cierto carácter obsesivo que estaba en
las composiciones de aquel álbum. Pero esto no quiere decir
que haya habido un regreso a 1994 como si no hubiera pasado
nada desde entonces, y es que me parece que estoy hablando de
una manera muy tibia. Quiero dejar claro que La pena máxima
es un single fantástico, que las canciones son brillantes, que
Luque canta de una manera más emocionante que nunca y que podemos
esperar cualquier cosa de los futuros lanzamientos del grupo.
Llevo seis años siendo fan de Sr. Chinarro y cada nuevo disco,
single, concierto o entrevista es, además de una sorpresa muy
agradable, la enésima confirmación de Antonio Luque como artista
genial, que no es el que no imita a nadie, sino aquel al que
nadie puede imitar.
Héctor
Blanco