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El grupo de José Luis Aguado y Fran Rudow (ambos de Manta Ray) vuelve después de tres años con “2”, un álbum sobrio y misterioso que emplea las armas del blues, el post-rock y el aire de frontera para diseccionar los misterios del corazón y el cerebro humanos. Unos textos amargos y nihilistas marcados por la fragilidad, el coma emocional o la muerte de los sentimientos; una concepción sonora (¿sónica?) basada en la aparente sobriedad, firme pero sin llegar a tensar demasiado la cuerda; la inspiración introspectiva y matemática y una ambigüedad misteriosa (nunca llegamos a saber si el punto de vista es desencantado, trágico o cómico)… son las personales señas de Viva las Vegas, el proyecto de Jose Luis Aguado, Frank Rudow e Ismael Maimuny, que con este “2” se sitúa en las antípodas de la otra banda de los primeros, Manta Ray. Hemos dicho “matemática”, porque una constante en este nuevo álbum de los de Xixón es la permanente búsqueda de hipnosis por parte del oyente. Todo el disco se mueve por pasajes sonoros repetitivos en los que esos pequeños arreglos se encuentran a un nivel casi subliminal. Pero esa apelación a una ciencia tan exacta no elimina la sensación de que estamos ante algo parecido a esos robots que sufren por no poder ser más humanos, ignorando que el hecho de querer serlo y sufrir por ello es lo que les acerca a los seres de carne y hueso. De hecho, cuando uno escucha las diez composiciones de “2” experimenta una tensión, una ebullición de todas las neuronas, un vuelco de los sentidos, que es como cuando después de jugar a la oca nos metemos en una partida de ajedrez. En este álbum hay progresiones circulares, ritmos meditabundos, pausas perturbadoras (algunas canciones parecen haberse quedado electrificadas, inmóviles, como una mayúscula entre paréntesis), y un ambiente fronterizo recorriendo cada una de las piezas de principio a fin. En este álbum hay nanas, instrumentales, gospel, temas en inglés y en castellano, abortados in crescendos y aires a banda sonora que no necesita de ninguna película para existir. Alguien dijo que el blues consiste en “no confiar en alguien que se lleva la mano al corazón cuando asegura algo”, y por eso Viva las Vegas, que se mire como se mire hacen blues, o post-blues, o algo parecido a situarse equidistantes entre la tradición y la necesidad de experimentar, no transitan caminos señalizados con vistas a un descampado suburbano recién dividido en parcelas. No se adhieren a la vía rápida y prefieren coger atajos en los que descubrir otros atajos que de nuevo abren insospechadas vías. ¿Es “2” un disco, por tanto, conceptual? Desde luego que no, ya que todos sus poros están abiertos y se desarrolla como un organismo vivo. “He venido a reivindicar el derecho a usar el cinismo / como herramienta para seguir avanzando”, canta Josele en una de las mejores canciones del disco. Es la consecuencia lógica al, quizás, hilo conductor del mismo: el choque permanente entre inocencia y maldad –ambos también en sus muchas facetas de gris-, limpieza y suciedad, verdad y mentira. Al final solo nos queda tomar decisiones desde cierta militancia. Plasmar nuestro desencanto en un disco que es un canto al individualismo, la vida de trinchera y el descreimiento. Sí, todo en uno. |
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